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Día verde

¡Buenos días familias!

Wow! ¿Os enterasteis de las cosas tan chulas que hicieron las unidades el día verde?

¿Cómo!?¿Qué que es día verde?


No os preocupéis, hoy os contaremos todo lo que pasó y todo lo que pudimos aprender las unidades en este día tan especial.

El día verde es un dia grupal que surgió hace un par de años, nació por la preocupación del kraal por transmitir los valores relacionados con el cuidado de la naturaleza, buscando un espacio entre nuestras ajetreadas semanas para alejarnos, disfrutar y aprender de todo lo que tiene el medio natural que enseñarnos.

Siguiendo estos valores buscamos actividades adaptadas a cada una de nuestras unidades.


Los castores: Estuvimos en el Aula Apícola de Hoyo de Manzanares, hicimos una pequeña ruta y aprendimos sobre la polinización y el papel tan importante que tienen los insectos dentro de los ecosistemas. ¡Ahora no nos dan tanto miedo las abejas!


















ddLos lobatos: Estuvimos en el parque realizando un taller ecologista llamado “Guardianes de la tierra”. En el que estuvimos plantando semillas, aprendimos a observar y escuchar a la naturaleza, ¡Tiene mucho que contarnos!






Los rangers: Fuimos al museo de insectos vivos del escorial y vimos un montón de insectos chulísimos. Aprendimos a comprender la importancia y diversidad de los insectos 🪲. Nos abrió los ojos acerca de la amenaza que sufren y de qué manera podemos ayudar.




Los pioneros: Fuimos a un centro de Fauna ibérica irrecuperable, vimos un montón de animales como lobos, jabalíes y diferentes tipos de rapaces. Que interesante es aprender de toda la diversidad de animales que tenemos en la península y de cómo podemos ayudar a cuidar de ellos.




Como veis pasamos un día inolvidable y aprendimos un montón sobre la naturaleza que nos rodea, no podemos esperar a irnos de campamento para disfrutarla. Para cerrar este día tan importante os dejamos un cuento sobre lo importante que es cuidar de nuestro entorno!


Itzelina era una niña muy curiosa que se levantó temprano una mañana con la firme intención de atrapar, para ella sola, todos los rayos del sol.

Una ardilla voladora que brincaba entre árbol y árbol le gritaba desde lo alto:


- ¿A dónde vas, Itzelina? Y la niña respondió:

- Voy a la alta montaña, a pescar con mi mochila todos los rayos del sol y así tenerlos para mí solita.

- No seas mala, bella Itzelina - le dijo la ardilla - Deja algunos pocos para que me iluminen el camino y yo pueda encontrar mi alimento.

- Está bien, amiga ardilla - le contestó Itzelina -, no te preocupes. Tendrás como todos los días rayos del sol para ti.


Siguió caminando Itzelina, pensando en los rayos del sol, cuando un inmenso árbol le preguntó:


- ¿Por qué vas tan contenta, Itzelina?

- Voy a la alta montaña, a pescar con mi mochila todos los rayos del sol y así tenerlos para mí solita, y poder compartir algunos con mi amiga, la ardilla voladora.


El árbol, muy triste, le dijo:

- También yo te pido que compartas conmigo un poco de sol, porque con sus rayos seguiré creciendo, y más pajaritos podrán vivir en mis ramas.

- Claro que sí, amigo árbol, no estés triste. También guardaré unos rayos de sol para ti.


Itzelina empezó a caminar más rápido, porque llegaba la hora en la que el sol se levantaba y ella quería estar a tiempo para atrapar los primeros rayos que lanzara. Pasaba por un corral cuando un gallo que estaba parado sobre la cerca le saludó:


- Hola, bella Itzelina. ¿Dónde vas con tanta prisa?

- Voy a la alta montaña, a pescar con mi mochila todos los rayos del sol y así poder compartir algunos con mi amiga la ardilla voladora, para que encuentre su alimento; y con mi amigo el árbol, para que siga creciendo y le dé hospedaje a muchos pajaritos.

- Yo también te pido algunos rayos de sol para que pueda saber en las mañanas a qué hora debo cantar para que los adultos lleguen temprano al trabajo y los niños no vayan tarde a la escuela.

- Claro que sí, amigo gallo, también a ti te daré algunos rayos de sol – le contestó Itzelina.


Itzelina siguió caminando, pensando en lo importante que eran los rayos del sol para las ardillas y para los pájaros; para las plantas y para los hombres; para los gallos y para los niños.


Entendió que si algo le sirve a todos, no es correcto que una persona lo quiera guardar para ella solita, porque eso es egoísmo. Llegó a la alta montaña, dejó su mochila a un lado y se sentó a esperar al sol.

Ahí, sentadita y sin moverse, le dio los buenos días, viendo como lentamente los árboles, los animales, las casas, los lagos y los niños se iluminaban y se llenaban de colores gracias a los rayos del sol.






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